Creo que no hay una única regla, de hecho, yo he ido cambiando mi armario a lo largo de estos años según lo que he ido aprendiendo de mi misma y leyendo. Y lo de aprender de uno mismo es muy importante, ya que cada uno debe adaptar su armario a sus circunstancias.

Después de casi dos años sin comprar, me apetecía y necesitaba dar un repaso al armario. Conozco bien mis gustos y necesidades por lo que dí prioridad a colores claros y marcas que fabrican en España y ropa de segunda mano

¿Cuántas de por aquí acudimos/acudíamos a comprar ropa para llenar algún tipo de vacío? Y no me voy a centrar en vacíos emocionales que también, porque eso es mucho más complicado. Me refiero a salir del trabajo y dar una vuelta por las tiendas (obviamente sin necesidad de comprar nada, solo por mirar); que sea tu cumple, que te pregunten que quieres y sin necesitar nada, decir, algo de ropa; estar estresada por motivos laborales, sociales, familiares e irte compras… Son situaciones por las que pasamos muchas personas, y que a través de publicidad y adoctrinamiento (vale, es una palabra muy heavy quizás, pero es así), hemos aprendido que el comprar (ropa en este caso), es una válvula de escape. Y no, al final sigues siendo una persona estresada pero con menos dinero o en las otras situaciones, una persona que no necesita nada y que de repente se ve con ropa que incluso le generan más necesidad. ¿Cómo podemos afrontar esto?

En muchos casos, nuestra frustración, aburrimiento, estrés mal gestionado.. genera toda esta basura. Intentamos contraatacar con explicaciones pero…

Si nos planteamos tener un armario sostenible de forma “cognitiva”, podemos leer muchísima información sobre las condiciones laborales de las personas en India y Asia que fabrican la ropa que te pones (no voy a dar datos de nuevo, hay post antiguos sobre ello, pero os dejo un recuerdo: 72 horas a la semana/30€ al mes); podemos hablar del consumo de recursos que supone la fabricación de ropa al nivel que se realiza en la actualidad. Comentaba el otro día a través de Instagram, que antes (iba a poner antiguamente, pero no hace tanto tiempo) se realizaban dos colecciones al año y a veces una especial, ahora se llegan a realizar más de 50 colecciones, con tejidos de muy mala calidad, que suponen un gasto de recursos por encima de las posibilidades del planeta (un dato alarmante: para fabricar un vaquero se consumen 10000 litros de agua); podemos pensar en el gasto económico que supone para una economía media, seguir las tendencias, las modas, el modelo de fast fashion al que no es fácil renunciar (¿es barata una camiseta por 10€ si te compras 2 o 3 al mes, una se rompe a los 3 meses y otra no la llegas a estrenar?).

Pero esa cognición hay que pasarla a la acción, y ahí es cuando vienen los problemas.. y surge la disonancia cognitiva que es esa sensación de malestar entre esos pensamientos tan bien formados, y el no poder resistirte a comprar la camiseta de 10 euros, y para sentirte bien, te convences de que la necesitas, que las personas que las fabrican por lo menos tienen ese trabajo, que ya bastante haces por el mundo, y que te debes dar un capricho. ¿Os suena?

Como luchar contra la disonancia es complicado, es mucho mejor pasar a la acción. Lo “conductual”, no está muy de moda, (dejo claro que estudié Psicología y aunque he ejercido poco, mas o menos sé de lo que hablo aunque lo esté haciendo de una forma muy simple. Deja a un lado las miles de explicaciones y justificaciones que te das y pasa a la acción. Y para ello, puedes proponerte un reto o varios a la vez:

  • Crea un armario cápsula: selecciona un número de prendas donde haya variedad. La ropa que más te gusta, que combine entre sí y marca un espacio de tiempo (normalmente la selección de prendas coincide con los cambios de estación) donde únicamente vayas a utilizar eso. Piensa bien en que eventos puedes tener a lo largo de esos meses para no incumplir las características del reto. No se trata de estar incómoda durante esos meses, todo lo contrario, se trata de demostrarse a una misma que se puede vivir sin comprar y con menos cantidad de ropa de la que actualmente tenemos en el armario, y yendo muy muy monas.

Este es el armario del primer verano que practiqué el armario cápsula. Dos años después ha cambiado muy poco.

  • Da una segunda oportunidad a prendas que hace tiempo que no te pones tuneándolas o reciclándolas. Por ejemplo, un vestido largo con el que te ves demasiado arreglada. ¿Has probado en hacerlo midi o corto? Si eres apañá, puedes intentarlo tú, si eres un desastrillo cosiendo, llévalo a una modista y fomenta los negocios locales que se están perdiendo.. Si finalmente decides que eso que lleva en tu armario años sin uso, no lo quieres y no está para vender o regalar, puedes transformarla en bolsas para comprar a granel (ese ha sido mi último descubrimiento y se la regalo a familiares potencialmente sostenibles).

Vestido cortado por mi. Este simple arreglo supuso pasar de no ponérmelo a no quitármelo.

Bolsas para comprar a granel con una camiseta vieja.

 

  • Planea que necesidades (o caprichos) quieres darte antes de ir a comprar y evita comprar por impulsos: una vez que has estado con cierta ropa de tu armario varios meses, llega una nueva estación y puedes cambiar varias prendas de ese armario cápsula, y es ahí, si tienes necesidad (y vas a comprobar que lo que antes sentías como necesidad, que en realidad era una necesidad mental, ahora verdaderamente diferencia si algo es necesario) o quieres darte un capricho, donde puedes planear que ropa quieres comprar y que ropa no seguirá formando parte de ese armario (porque lo de donar es otro tema..).

La ropa de segunda mano no es la panacea de la sostenibilidad, al final, sigue siendo ropa hecha de tejidos que liberan microplásticos que lavado tras lavado se van por nuestras cañerías y llegan al mar. Al igual que con todo, debemos plantearnos todo esto desde una perspectiva minimalista.. a mi me cuesta, por eso a veces me doy caprichos como este pantalón de Zara de hace 3 años.. siempre me gustó desde que se lo veía a una compañera de trabajo.. hace unos días lo ví en Chicfy y lo compré.

  • Siguiendo esa planificación, puedes investigar que marcas o plataformas te permiten comprar teniendo el mínimo impacto en la naturaleza y las personas. Para ello puedes buscar en tiendas de segunda mano; apps de venta de ropa también de segunda mano, las cuales no necesariamente han sido usadas; ropa hecha a mano; moda sostenible; moda con otro tipo de valores porque se fabrique por ciertos colectivos… Hay un sin fin de opciones para no caer en Zara y derivados.
  • Buscando con tiempo, puedes llegar a encontrar marcas sostenibles en tiendas o webs de segunda mano. Esto ya es la repera de la sostenibilidad. Por ejemplo, yo he encontraso algunas camisetas de Skunkfunk o eseoese en apps como chicfy. Es cierto que conlleva más tiempo y que las entregas se hacen por envío, pero en muchos merece la pena.

 

Al final, esos pequeños retos conductuales que te has ido proponiendo van cambiando tu pensamiento y sientes cada vez menos, la necesidad de comprar por impulso. Te sientes más cómoda con lo que tienes, segura de que las compras producen un estado momentáneo de felicidad pero en algunos casos también cierto malestar. No tener esos sentimientos de culpa generados por haber comprado ropa que no necesitabas y haber gastado dinero en ello; o haber comprado ropa sabiendo que está hecha por personas en condiciones laborales deplorables, sirve como refuerzo positivo para nuestra conducta. Incluso compartir los retos con otras personas, explicando las razones que nos han llevado a ello, refuerza nuestra conducta y cognición, especialmente si a través de nuestro ejemplo, se une más gente.

Y tú, ¿te unes?

 

 

 

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